Dicen que no hay que fiarse de las primeras impresiones. También dicen que la primera impresión es la que perdurará. Yo llevo mucho tiempo intentando no prejuzgar pero reconozco que la primera impresión es seguramente un determinante importante para que el interés continúe o ni tan siquiera empiece.
Aparece alguien nuevo, la primera impresión es, al menos, interesante. La curiosidad se despierta, no te desagradaría volverle a ver. Y vuelve y vuelve y vuelve, sin insistencia cansina. Parece que la vida haga que, ahora y no antes, cualquier encrucijada pueda ser un lugar de coincidencia.
Pero algo pasa, ¿la curiosidad mató al gato? ¿o el gato mató la curiosidad?
Pereza supina.

Aunque el gato se vista con harapos y los luzca como si de seda se tratasen y con dos visillos negros juegue al escondite... no nos engañemos, ya no somos unos críos.