"No se salva nadie" eso es lo que me ha dicho mi hijo cuando le he explicado la delícadísima (por ser delicada también yo en la calificación) situación con la que se acababa de encontrar uno de los miembros de la familia al que todos considerábamos un "intocable". Y cuánta razón tiene.

Todos podemos estar peor pero eso no es un consuelo, mi hijo mismo me dijo también otro día: "nosotros aún estamos bien" y sí, de nuevo cuanta razón tiene. Pero a mí me consuela poco...
Reflexionámos juntos sobre el tema, la manera de vivir "antes y despúes", las necesidades que uno se ha ido creando a lo largo de la vida. Necesidades que cuando te las puedes permitir te dan muchas alegrías, pero que cuando tienes que renunciar te dan muchos problemas.
No es tan fácil dejar de pagar cierto estatus. Es mucho más fácil mantenerte cuando siempre has tenido relativamente poco porque pocas son las cosas prescindibles. Lo prescindible, generalmente, es caro.
No sólo se trata de adaptar el bolsillo, también se tiene que adaptar el "coco" y éste creo que es de mal conformar.
Que quede dicho también que nuestro querido "intocable" resolverá, no tengo ninguna duda...