Hay cosas que me dan una pereza descomunal; el cambio de ropa de temporada y el cambio de las fundas del sofá. Hoy he decidido empezar por lo segundo...
Las ventajas, una vez puestas las fundas limpias es un placer sentarse y disfrutar del olorcito a jabón que desprenden y además, como son de otro color, parece que hayas renovado la sala....
Desventaja/s, en el tránsito de una funda a otra empiezan a volar todas aquellas plumillas de los cojines que habían quedado atrapadas en las fundas puestas, y claro, además de producirte un molesto picorcillo de nariz luego tienes que recogerlas del suelo, y lo que es peor, de la alfombra...
Hoy además este cambio de fundas ha tenido un ligero matiz evocador...Hace un tiempo estas mismas fundas que ahora han repuesto a las de verano, sufrieron un pequeño accidente. Compartía mi sofá, y un buen vino, con una querida compañía y esas cosas que pasan que sin saber cómo el vino fue a parar de la copa a la funda del cojín...."no pasa nada, no te preocupes, lo lavo y como nuevo".
Lo lavé, lo guardé y me olvidé. Hasta hoy que al volver a cambiarlas ahí ha vuelto a aparecer la mancha. Muy tenue, casi tanto como el recuerdo de esa escena, pero lo suficientemente visible a mis ojos como para que mi memoria entrase en un revival agridulce... aunque más dulce que agri...
En fin, volveré a lavar esa funda...