
Lavarse las manos ha sido durante este tiempo una simple acción higiénica... Pero desde hace unos días he descubierto lo placentero que resulta coger una pastilla que previamente mojada acaricia tus manos a la vez que te va regalando su cuota de espuma, directamente proporcional al tiempo que la mantengas entre los dedos y después, con la misma sutileza, se desliza de nuevo a su nido coloreando el habitual blanco de la cerámica a la espera del siguiente turno...
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